INCOHERENCIAS DEL "GUACHO": SE REÚNE CON AUTORES DEL FRAUDE ELECTORAL A NAVA
San Luis Al Instante.- En lo que es interpretado como un acto de incoherencia y traición a sus propios principios, el célebre notario Eduardo Martínez Benavente, mejor conocido como "El Guacho", fue visto y fotografiado comiendo alegremente con un grupo de prófugos del Partido Revolucionario Institucional, señalados como autores del fraude electoral de 1991 con que Fausto Zapata Loredo venció a Salvador Nava Martínez, así como de otros delitos.
La reunión entre Martínez Benavente, quien fue considerado como uno de los principales intelectuales del movimiento navista en su versión de las décadas de los 80 y 90, se celebró en un restaurante de la Capital de San Luis Potosí. En ella estuvieron los siguientes personajes relacionados con actos de delincuencia electoral, acciones de violencia y saqueo de recursos públicos.
Ellos fueron Juan Ramiro Robledo Ruiz, actual funcionario de la Secretaría de Gobernación; Enrique Martens Rodríguez, exdirector del Centro de Producción de Santa Rita y un vago toda su vida; Jorge Vinicio Mejía, exasesor de sindicatos cetemistas; Castor Balderas Rubio, subdelegado del ISSSTE; Juan Carlos Machinena Morales, exsecretario particular de Fausto Zapata Loredo, exdelegado del INAH y cómplice de la destrucción de patrimonio histórico; y Raúl Camacho Muñoz, exfuncionario del exgobernador Juan Manuel Carreras López, cuñado de Fausto Zapata Loredo y otro vago.
No hay explicaciones lógicas que permitan entender cómo fue que el aparentemente decente e impoluto notario Eduardo Martínez Benavente haya tenido un minuto de su día para cruzar aunque sea una palabra con esa pandilla de bandidos. De Juan Ramiro Robledo Ruiz podemos recordar incluso que fue hijo putativo del gángster exrector Alfonso Lastras Ramírez.
Entre ambos hurdieron una acción golpista, violenta y criminal en el año de 1986 que permitiera a su grupo apoderarse de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, destituyendo contra toda norma de esa institución, sembrando el terror y con consejeros suplentes al entonces rector José de Jesús Martínez. Esa detestable acción incluyó la muerte de Jorge Mena Ortiz, estudiante de Derecho.
Pero años más adelante operaron un fraude electoral de escalas mayúsculas y escandalosas que permitió al priista Fausto Zapata Loredo ganar la gubernatura contra el estimado Salvador Nava Martínez. Aunque era tan grande la fuerza y apoyo popular del que gozaba este líder civilista que Fausto Zapata Loredo y su grupo de delincuentes sólo pudieron estar en el poder no más de trece días, arrollados por una insurgencia nacional y entre quienes figuraron Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano y Andrés Manuel López Obrador.
Por eso, resulta sorprendente que el supuestamente honorable Eduardo Martínez Benavente, quien llegó a documentar aquel fraude electoral del que fue víctima el navismo en el año de 1991, haya tenido un momento de su vida para disfrutar de la compañía de semejantes barbajanes y bandidos (eso sí de cuello blanco y pantalones apretados).
¿Acaso todo fue una mentira lo que en su momento sostuvo Eduardo Martínez Benavente acerca del dichoso fraude electoral? Parecería por estas últimas acciones que sí fue una mentira. Aunque sería mejor que él mismo lo respondiera, que justificara e informara de los motivos de esa reunón con esa clase de gentuza.
La reunión entre Martínez Benavente, quien fue considerado como uno de los principales intelectuales del movimiento navista en su versión de las décadas de los 80 y 90, se celebró en un restaurante de la Capital de San Luis Potosí. En ella estuvieron los siguientes personajes relacionados con actos de delincuencia electoral, acciones de violencia y saqueo de recursos públicos.
Ellos fueron Juan Ramiro Robledo Ruiz, actual funcionario de la Secretaría de Gobernación; Enrique Martens Rodríguez, exdirector del Centro de Producción de Santa Rita y un vago toda su vida; Jorge Vinicio Mejía, exasesor de sindicatos cetemistas; Castor Balderas Rubio, subdelegado del ISSSTE; Juan Carlos Machinena Morales, exsecretario particular de Fausto Zapata Loredo, exdelegado del INAH y cómplice de la destrucción de patrimonio histórico; y Raúl Camacho Muñoz, exfuncionario del exgobernador Juan Manuel Carreras López, cuñado de Fausto Zapata Loredo y otro vago.
No hay explicaciones lógicas que permitan entender cómo fue que el aparentemente decente e impoluto notario Eduardo Martínez Benavente haya tenido un minuto de su día para cruzar aunque sea una palabra con esa pandilla de bandidos. De Juan Ramiro Robledo Ruiz podemos recordar incluso que fue hijo putativo del gángster exrector Alfonso Lastras Ramírez.
Entre ambos hurdieron una acción golpista, violenta y criminal en el año de 1986 que permitiera a su grupo apoderarse de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, destituyendo contra toda norma de esa institución, sembrando el terror y con consejeros suplentes al entonces rector José de Jesús Martínez. Esa detestable acción incluyó la muerte de Jorge Mena Ortiz, estudiante de Derecho.
Pero años más adelante operaron un fraude electoral de escalas mayúsculas y escandalosas que permitió al priista Fausto Zapata Loredo ganar la gubernatura contra el estimado Salvador Nava Martínez. Aunque era tan grande la fuerza y apoyo popular del que gozaba este líder civilista que Fausto Zapata Loredo y su grupo de delincuentes sólo pudieron estar en el poder no más de trece días, arrollados por una insurgencia nacional y entre quienes figuraron Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano y Andrés Manuel López Obrador.
Por eso, resulta sorprendente que el supuestamente honorable Eduardo Martínez Benavente, quien llegó a documentar aquel fraude electoral del que fue víctima el navismo en el año de 1991, haya tenido un momento de su vida para disfrutar de la compañía de semejantes barbajanes y bandidos (eso sí de cuello blanco y pantalones apretados).
¿Acaso todo fue una mentira lo que en su momento sostuvo Eduardo Martínez Benavente acerca del dichoso fraude electoral? Parecería por estas últimas acciones que sí fue una mentira. Aunque sería mejor que él mismo lo respondiera, que justificara e informara de los motivos de esa reunón con esa clase de gentuza.
¿O el célebre notario ya sufre demencia senil o siempre fue un farsante oportunista?
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